Dos son los nombres aborígenes que se atribuyen a la Española: Quisqueya y Haití. Otras denominaciones como Bohío y Babeque (o Baneque), citadas por Cristobal Colón, parecen confusiones del Almirante originadas por las dificultades al comunicarse con los nativos y no son confirmadas por ningún otro cronista de Indias. En particular Bohío no es un topónimo, sino el nombre de la casa aborigen “hecha de techo de guano y paredes de yagua”, como señala José Juan Arrom1.

El nombre de Haití está relacionado con la existencia de regiones montañosas en la isla, en particular la parte occidental.  Pedro Mártir de Anglería consigna: “mas Haiti significa aspereza en su lengua antigua, y así llamaron a toda la isla Haiti […] por el aspecto áspero de sus montañas y la negra espesura de sus bosques, y sus valles medrosos y obscuros por la altura de las montañas…”2. Pedro Henríquez Ureña en su obra, El español en Santo Domingo, refiere el uso de haitises con el significado de ‘montañas’3.

En un trabajo anterior4, con el empleo del análisis lingüístico comparativo del taíno o aruaco insular con otras lenguas de la familia aruaca, en especial el lokono, demostramos que ese vocablo está compuesto por los morfemas hai y –ti. El primero es un cognado no idéntico del lokono ayo, el cual significa ‘arriba’ y denota la dirección en la dimensión vertical5, mientras el sufijo –ti es un cognado idéntico del lokono –ti, ‘querer’ ‘desear’6 y en términos de ubicación espacial significa ‘localización deseada’7. Así pues, hai, ‘altura’ + ti, ‘desear’ = haití, ‘anhelo de las alturas’, ‘afan por las alturas’, significado literal del vocablo aruaco insular que designaba las montañas y regiones montañosas.

Algunos estudiosos, como José Juan Arrom, consideran que el nombre aborigen de Haití se aplicaba solamente a la parte occidental de la isla8. No somos de la misma opinión. Mártir de Anglería subraya: “y así llamaron a toda la isla Haití” y Bartolomé de las Casas coincide: “llámase Haití [una cumbre], la última sílaba aguda, de la cual se denominó y nombró toda esta isla, y así la nombraban todas las gentes de las islas comarcanas”9.

 En cuanto al nombre de Quisqueya, su autenticidad ha sido puesta en duda, lo cual tiene implicaciones en la cultura de República Dominicana, donde Quisqueya y el gentilicio quisqueyano son de uso frecuente en la literatura, la poesía y la oratoria, e incluso forman parte de la letra del himno nacional.

En el presente trabajo nos proponemos demostrar que el vocablo Quisqueya es un topónimo real, procedente del aruaco insular o taíno, lengua que hablaban nuestros aborígenes,  y realizar una propuesta de etimología.

 Los argumentos que se esgrimen en contra del reconocimiento de Quisqueya como nombre taino de la isla de la Española, se pueden resumir de la siguiente forma:

  1. Falta de fiabilidad de los datos de Pedro Mártir de Anglería, pues el cronista nunca estuvo en América y se han demostrado algunas inexactitudes en sus Décadas. El abogado, historiador, sacerdote y escritor dominicano, Apolinar Tejera, en un artículo titulado Quid de Quisqueya?, publicado en 1908, considera que Quisqueya es un nombre “apócrifo o supuesto” y asevera: “Ni así se llamó nunca la Española, porque la afirmación de Pedro Mártir de Anglería estriba en circunstancias completamente falsas, ni este nombre sirvió jamás para designar especialmente la vasta región que demora hacia el levante de Santo Domingo”10.
  2. Este nombre sólo lo menciona Pedro Mártir de Anglería. Ninguna otro cronista o fuente histórica lo hace. Apolinar Tejera subraya: “El aserto de Pedro Mártir de Anglería no está corroborado por ninguno de sus coetáneos” y menciona a Bartolomé de Las Casas, Fernando González de Oviedo, Frai Román Pané y al doctor Diego Álvarez Chanca11.
  3. Quisqueya no es un vocablo aruaco insular (taino). Los lingüistas Julian Granberry y Gary S. Vescelius consideran que: “El topónimo Quisquella, foneticamente khiskheya, no puede ser una forma taína, debido a su estructura fonológica. La unión de las consonantes –skh no puede existir en ninguna forma nativa del Taino”12

Referente a la credibilidad de Mártir de Anglería, como señalamos sobre la base de argumentos detallados en un trabajo anterior13, es un cronista honesto que se esfuerza por trasladar una imagen fiel del nuevo mundo. No inventaría a propósito una falsedad y no tenía ningún motivo para ello. Sin embargo, la fiabilidad de sus fuentes es crucial en la exactitud de sus afirmaciones y son el origen principal de sus errores o inexactitudes.

La fuente que proporcionó la información sobre el topónimo Quisqueya, fue el navegante y cartográfo español Andres Morales, quien en 1508 recibió el encargo de explorar La Española y dibujar un mapa de la isla, lo cual realizó.  La elaboración de mapas requiere del conocimiento de la toponimia local para la identificación de los distintos puntos geográficos y poder orientarse en el terreno.  Por tanto, como parte de su labor cartográfica, Morales debió haber interactuado con los aborígenes para profundizar en este aspecto. Por eso, consideramos que los topónimos aborígenes de la Española sobre los cuales informó a Mártir de Anglería deben haber existido realmente. De hecho, muchos de ellos son mencionados por otros cronistas. Otra cosa distinta es el posible significado de estos nombres de lugar. Como Bartolomé de Las Casas indica, practicamente no existían españoles que supieran la lengua de los aborígenes14. No debían abundar, además, los buenos traductores aborígenes. Lo más probable es que la comunicación de Andrés Morales con los nativos se basara en conocimientos limitados de la lengua indígena y los complementara con gestos, señales y ademanes. Esa forma de intercambiar información explicaría algunos posibles errores o inexactitudes en su interpretación del significado de los vocablos aborígenes.

El hecho de que ningún otro cronista haya mencionado el vocablo Quisqueya, podría obedecer a que era un nombre en desuso. Como indica Mártir de Anglería: “los  nombres que los primeros habitantes pusieron a la Española, fueron primero Quisquella, depués Haití15. En circunstancias normales no existían razones para que los aborígenes lo mencionaran a los europeos. Solamente alguien como Andrés Morales, interesado en profundizar sobre los topónimos de la isla y que tuviera acceso a los caciques con conocimiento de las historias cantadas en los areítos, podría haber conocido del nombre.

En cuanto a los argumentos lingüísticos, en aruaco insular “lo usual era la sílaba abierta, terminada en vocal, como en español”, como señala Sergio Vladés Bernal16, al igual que en lokono, donde, como indica Willem A. Pet: “las únicas consonantes que pueden existir en el final de las sílabas son los sonidos nasales [m], [n], y [ŋ]. Sin embargo, no existe diferencia entre ellos en esta posición y por eso son tratados como instancias de una única /n/ nasal”17.

Entonces, ¿como es posible la existencia de la unión de consonantes en la estructura del vocablo Quisqueya?  La respuesta es que en el vocablo aruaco insular original esa unión no existía y es su registro inexacto por parte de los europeos el que dio lugar a esa forma. Este no es un caso único, véase, por ejemplo, el de barbacoa, considerada voz aruaco insular por la mayoría de los lingüistas, donde la unión de las consonantes –rb– tampoco es característica de la lengua que hablaban nuestros aborígenes.        

C. H. de Goeje, en su The Arawak Laguage of Guiana, transcribe varios vocablos del lokono que fueron registrados de forma inexacta por diversas fuentes europeas con la unión de consonantes en su estructura: ebelti, ‘ablandar’, ‘disolver’; beltiri, ‘una bebida’18; kirtiati, ‘un hombre blanco’19; sibarlojen, ‘mujer mítica’20;  kaspara,’una espada’21.

En la estructura del vocablo Quisqueya, los segmentos quis y queya, parecen ser cognados de los morfemas lokonos: ki-sse y kairi.

Ki-sse, también registrado como kei-se, ke-si y ke-ssi, es definido por C. H. de Geoje como un intensificador (intensifying) con el significado de ‘ciertamente’, ‘de verdad’ y entre los ejemplos de su empleo, cita: Judu-nnu kei-se, ‘ellos eran judíos de verdad’;  du-ke-ssi, ‘si, ciertamente’22. Esta expresión está compuesta por los morfemas + , los cuales individualmente son ambos intensificadores. El lingüista Konrad Rybka indica que el sufijo –ke es un adverbializador aumentativo (augmentative adverbializer) que añade el significado ‘extremadamente’, ‘absolutamente’, ‘muy’ (very)23. En cuanto al sufijo –se, el diccionario aruaco-alemán de los Hermanos Moravos, misioneros del siglo XVIII, señala que es un intensificador utilizado muy frecuentemente y que se agrega a muchas palabras, “de forma que es difícil que se pronuncien de cuatro a seis palabras sin que este sufijo –se no sea agregado de alguna forma”24.

El hecho de que ki-sse sea un sufijo en lokono, mientras en el vocablo aruaco insular Quisqueya se encuentra en la primera parte de su estructura, parece ser una diferencia entre ambas lenguas, aunque también en lokono se conserva al menos una forma donde ese morfema se encuentra en la parte inicial de la estructura del vocablo: ki-sse-i-ra, utilizado por las mujeres con el significado de ‘efectivamente’25.

La voz del lokono, kairi ~ keiri, ‘isla’26, es un cognado no idéntico del aruaco insular caya ~ cayo con igual significado27. El fonema /e/ en vez de una /a/ en Quisqueya, pudiera obedecer a una tendencia a la armonización con la vocal /e/ del morfema precedente (ki-sse), omitida en la forma del vocablo que Mártir de Anglería registró. C. H. de Goeje explica que en lokono  “es posible que el deseo de obtener armonía entre los sonidos  tenga alguna influencia en aquellos casos en que el significado no sea puesto en peligro”28.  Además, en lokono la combinación de las vocales /a/ e /i/ dan lugar al diptongo /ai/ en la variante de la lengua hablada en Guyana y /ei/ en la de Surinam29, lo cual también pudiera explicar la presencia de la vocal /e/ en Quisqueya

Por consiguiente, Quis(e), ‘de verdad’ + queya, ‘isla’ = Quisqueya, ‘una isla de verdad’, nombre motivado por sus grandes dimensiones, no habituales para los aruacos, quienes en el trayecto de su migración desde el continente habían encontrado anteriormente islas mucho menores.

En cuanto al significado de Quisqueya que Andrés Morales le trasladó a Mártir de Anglería, su esencia es correcta:

Llaman  Quizquella a alguna cosa grande que no la haya mayor: Quizquella la interpretan grandeza, universo, todo, como los griegos su Pan, porque les pareció, en vista de su magnitud, que era el universo orbe de la tierra, y que el sol no calentaba cosa alguna fuera de aquella isla con las demás adyacentes. Por eso resolvieron que debía llamarse Quizquella30.

 Trasladémonos 500 años hacia el pasado, y lleguemos hasta el lugar donde ocurre la conversación entre Andrés Morales y el cacique aborigen que le proporciona la información sobre el primer nombre de la isla. ¿Cómo le explica el significado del topónimo? Sin dudas señala la tierra a su alrededor y abre sus brazos, como queriendo abarcarla en toda su inmensidad, al tiempo que pronuncia la palabra española “grande”. Esa mímica repetida y el posible sesgo poético del navegante o quizás del propio Mártir de Anglería, explica la forma en que el cronista registró el significado del nombre para la posteridad.

El vocablo Quisqueya tiene asegurado un lugar especial en el corazón y la cultura de los dominicanos, estrechamente relacionado con los sentimientos patrios de los hijos de esa tierra. Saber que, efectivamente, así llamaron a la isla los ancestros que primero la habitaron, hace más fuerte y profunda esa conexión emocional con el nombre.

Referencias

  1. Arrom, José Juan. 2011. “Baneque y Borinquen: apostillas a un enigma colombino”. En José Juan Arrom y la búsqueda de nuestras raíces. Editorial Oriente y Fundación García Arévalo. Página 54. www.cubaarqueologica.org.
  2. Mártir de Anglería, Pedro. 1892. Décadas del nuevo mundo. Traducción de Joaquín Torres Asensio. Madrid. Página 168. https://archive.org/.
  3. Enriquez Ureña, Pedro. 1980. “El español en Santo Domingo”. En Pedro Henríquez Ureña, Obras completas (1940-1944). Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. Santo Domingo.Tomo IX. Página 183.
  4. Celeiro Chaple, Mauricio. 2024. Guanajay, tierra alta. www.laotraraiz.cu.
  5. Rybka, Konrad A. 2016. The linguistic encoding of landscape in Lokono. Utrecht: LOT. Página 120. http://dare.uva.nl.
  6. Patte, Marie France. 2011. La langue arawak de Guyane. IRD Éditions. Marsella. Página 208.
  7. Rybka, Konrad A. 2016. Obra citada. Página 98.
  8. Arrom, José Juan. 2011. “Arcabuco, cabuya y otros indoamericanismos en un relato del P. José de Acosta”. En José Juan Arrom y la búsqueda de nuestras raíces. Editorial Oriente y Fundación García Arévalo. Página 84. www.cubaarqueologica.org.
  9. Casas, Bartolome de las. 1909. “Apologética historia de las Indias”. En Historiadores de Indias. Por Serrano y Sanz. Baylli Bailliere e Hijos, Editores. Tomo I. Página 17. http://www.archive.org/details/historiadoresdei01serr.
  10. Tejera, Apolinar. 1945. “Quid de Quisqueya?”. En Boletín del archivo general de la nación. Editora Montalvo. República Dominicana. Volumen 8. Número 42-43. Páginas 216-221.
  11. Tejera, Apolinar. 1945. Obra citada.
  12. Granberry, Julian y Vescelius Gary S. 2004. Languages of the Pre-Columbian Antilles. The University of Alabama Press. Tuscaloosa, Alabama. Página 30.
  13. Celeiro Chaple, Mauricio. 2024. Guacayarima: el nombre en su laberinto. www.laotraraiz.cu.
  14. Casas, Bartolome de las. 1909. Obra citada. Páginas 321-322.
  15. Mártir de Anglería, Pedro. 1892. Obra citada. Página 168.
  16. Valdés Bernal, Sergio. 2010. “El poblamiento precolombino del archipiélago cubano y su posterior repercusión en el español hablado en Cuba”. En Contextos, estudios de humanidades y ciencias sociales. No.24. Página 121.
  17. Pet, Willem J. A. 2011. A Grammar Sketch and Lexicon of Arawak (Lokono Dian). Sil International. Página 8.
  18. Goeje. C. H. de. 1928. The Arawak Language of Guiana. Cambridge University Press.  Páginas 16, 139. www.cambridge.org/9781108007689
  19. Goeje, C. H: de. 1928. Obra citada. Página 27.
  20.  Goeje, C. H: de. 1928. Obra citada. Página 199.
  21. Goeje, C. H: de. 1928. Obra citada. Páginas 26, 64.
  22. Goeje, C. H: de. 1928. Obra citada. Páginas 92, 155.
  23. Rybka, Konrad A. 2016. Obra citada. Página 88.
  24. Hermanos Moravos. 1882. Arawakisch-Deutches Wörterbuch, Abschrift eines im Besitze der Herrnhuter Bruder-Unität bei Zittau sich befindlichen-Manuscriptes. En Grammaires et Vocabulaires Roucouyene, Arrouague, Piapoco et D’autre Langues de la Région des Guyanes, par MM. J. Crevaux, P. Sagot, L. Adam. Paris, Maisonneuve et Cie, Libraries-Editeurs. Página 151. Copia digital descargada de: http://books.google.com.
  25. Hermanos Moravos. 1882. Obra citada. Página 136.
  26. Patte, Marie France. 2011. Obra citada. Páginas 109-110.
  27. Taylor, Douglas. 1977. Languages of the West Indies.  Johns Hopkins University Press. Página 20.
  28. Goeje, C. H: de. 1928. Obra citada. Página 132.
  29. Rybka, Konrad A. 2016. Obra citada. Página 36.
  30. Mártir de Anglería, Pedro. 1892. Obra citada. Página 168.

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